- 07 FEB 2012
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- La naranja pictórica
Partiendo de que la Gioconda del Louvre sonríe porque la modelo no tenía intención de pagar al retratista, se infiere que la Gioconda de Madrid representa en realidad a un Giocondo, Zapatero, cuya sonrisa de niño en REM reaparecida en Sevilla revela que no tiene intención de pagar esta ruina
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Ha tenido que pincharse la burbuja inmobiliaria para que en España se ponga de moda la pintura. Ahí tienen ustedes esa melliza de la Mona Lisa hallada en los sótanos del Museo del Prado, que uno se pregunta en qué taller mecánico, detrás de qué calendario Pirelli ha reposado tan inadvertida los últimos cinco siglos. Es ver ese cuadro y ponerse a novelar esoterías, así que uno aventura la suya: partiendo de que la Gioconda del Louvre sonríe porque la modelo no tenía intención de pagar al retratista, se infiere que la Gioconda de Madrid representa en realidad a un Giocondo, José Luis Rodríguez Zapatero, cuya sonrisa de niño en REM reaparecida en Sevilla revela que no tiene intención de pagar esta ruina.
La pintura, además, se pone de moda porque el Museo Thyssen cumple 20 años y lo va a celebrar con un ambicioso programa expositivo, con simposios y conferencias, con ampliación de horarios, con entrada gratis para los nacidos en 1992 –en el improbable caso de que alguien en esa promoción se canse del Pro Evolution Soccer y las producciones de Globomedia– y no sé si también con el sorteo de un posado ibicenco junto a Borja y Blanca para fardar en el Facebook. La pinacoteca abre también un nuevo espacio que irán ocupando a lo largo del año tres montajes de pintura comparada –“miradas cruzadas” se llama, tampoco es plan de comerse el tarro– que inaugura la naranja pictórica, o sea, Mondrian y sus compinches del grupo neoplasticista bautizado como De Stijl, a quienes se pone a “dialogar” –por tirar de esa cursilería léxica tan del ramo– con los viejos maestros flamencos del siglo XVII, tales como Jacobus Vrel, Pieter Hendricksz de Hooch y Koninck. Se preguntarán ustedes qué tiene que ver Mondrian, con sus sobrevalorados diseños de mantelería para picnics domingueros (¿por qué no pintaría directamente sobre hule?), con el delicado figurativismo del siglo de oro holandés. Bueno, pues resulta que ambos estilos –asegura el folleto– comparten “ciertos elementos comunes, como la equilibrada y armoniosa resolución de la composición pictórica o la tendencia a trabajar la superficie de la pintura como un plano pictórico frontal, bidimensional, organizado geométricamente”. Claro, oiga, es que si no trabajaran la superficie de la pintura de forma bidimensional no serían pintores sino James Cameron rodando Avatar. “El juego de planos y líneas sobre la superficie pictórica no supuso una ruptura tan radical con la tradición”, prosigue la exégesis oficial de la muestra.
Que Babelia nos perdone, pero queda poco serio petar los manuales de arte contemporáneo con el sonsonete de la quiebra audaz de las convenciones temáticas y formales para acabar ahora buscándoles una legitimidad antigua a los excesos de las vanguardias, un acogimiento a sagrado bajo el palio del clasicismo. En esta palinodia crítica advierte uno al fin el afloramiento de cierta mala conciencia por tanto fraude como se ha cometido a expensas de los papanatas, que es el segundo gentilicio del español. Si aceptamos a Mondrian como dibujante provocativo de paralelogramos sin historia, luego no pretendáis que divisemos en el centro del cuadradito a una señora con alcuza al atardecer.
Con todo esto no quisiera de ningún modo que se me enfadara Tita Cervera, baronesa Thyssen, perdón, a quien profeso un respeto de urdimbre mitológica. Repaso su Wikipedia con la mandíbula inconclusa: esta mujer, mitad Afrodita mitad Livia Drusila, tercera esposa de Augusto, no sólo consumó el braguetazo más glorioso desde que las amebas surgieran de la sopa primordial, desarrollando piernas ellas y carteras ellos, sino que con antelación ya había sido coronada Miss España, se había casado con Tarzán y con el productor de cine más de moda en Hollywood y se había beneficiado a Al Pacino cuando Pacino era Michael Corleone. Sólo por esto último, Gallardón jamás debería haber insinuado que le talaría los árboles del Paseo del Prado.
Uno en pintura prefiere la definición, los pintores de línea clara, se llamen Van Eyck, Caravaggio o Madrazo, de donde brota enérgica la luz como brota de la prosa de nuestro amigo Hughes, deudora del adjetivo de Miró y de las epifanías líricas de Ramón, variando como un saxo sobre el oleaje fijo y suave de la Malvarrosa.
(LA GACETA, 7-II-12)
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1 Comentario
Anónimo(No registrado)18:36 | 07 de febrero, 2012
Cuando Zp remangaba en REM al público del país a entrar en razón con cada mamarracho y disparate fabricado al viento a fin de imbuirle absoluta toma de conciencia veraz por razón del solo mecanismo dual·led de su "Rapid Eye Movements" o MOR, descrito en la fase del sueño durante la cual se presenta la mayor frecuencia e intensidad de las llamadas ensoñaciones o escenas oníricas, el hipnograma dispuesto al efecto detectaba a nivel conductual la privación de SOL (Sueño de Ondas Lentas) en deterioro de la CONSOLIDACIÓN DE LA MEMORIA, lo que enojaba sobremanera al soñador. Me creo a pies juntillas que a pupilas juntillas incluso desbordaba en demasía a la misma Marujita Díaz, un verdadero martirio.
Para no dormir antes de que el Sol se ponga el venidero 25 de marzo, José Antonio Griñán ha vuelto reminiscente al hit parade de los 40 entonando sin ton ni son el emotivo e inolvidable "yo tenía un camarada..."
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