PUBLICIDAD

El ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, llamó ayer a consultas al embajador de España en Siria, Julio Albi, ante la situación de inseguridad que vive este país y el agravamiento de la represión contra la población civil por parte del régimen de Bashar el Asad.
El Gobierno español ha decidido la retirada temporal de su embajador después de que Estados Unidos haya cerrado su Embajada; Países Bajos; Bélgica; Francia; Italia y los países del Golfo hayan retirado a su embajador en Damasco, y los miembros del Consejo de Cooperación del Golfo –Bahréin, Omán, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos– exigieran a los embajadores sirios que abandonen de inmediato su territorio.
Los países aliados aumentan así la presión al presidente sirio, Bashar el Asad, quien sigue reprimiendo los brotes de insurrección que cada vez con mayor frecuencia, desde marzo de 2011, se dan en el país. Una conducta que, como le ocurrió a Gadafi en Libia, podría costarle al sátrapa sirio perder no sólo el poder sino también la vida por enfrentarse a su pueblo con una crueldad que resulta obscena.
Mientras tanto, la insurrección se organiza, aumentan las deserciones entre los soldados de Asad e incluso entre los mejores aliados de Damasco cunde la impresión de que la hora ha sonado para que el sátrapa abandone el poder.
No es excluíble que tal consejo se lo haya dado ayer en Damasco el propio ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergéi Lavrov, uniendo al fin sus presiones diplomáticas a las de la Unión Europea y los Estados Unidos. Por tanto, se acumulan los datos propicios a una intervención colectiva, en la que España –como recientemente le ha transmitido García-Margallo a la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton– estará junto a sus aliados para poner en la rampa de salida al sátrapa sirio, su familia y sus amigos.
Así se bloquean las relaciones y se denigra públicamente a Asad, lo que no se pudo hacer el sábado con la fallida votación de la resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, vetada por China y Rusia. Ese revés ha germinado en otras ideas para condenar al Gobierno, como la puesta en marcha por Australia, que ayer reforzó las sanciones contra personas y empresas que colaboran con Asad y Turquía, con vistas a involucrar a los países que se alinean con el pueblo, o la Liga Árabe, que estudia un enviado especial para la zona, igual que ha hecho China, que tiene tantos intereses en la zona que su forma de no tomar partido es bloquear la aprobación de resoluciones firmes contra una de las partes.
Pese a la pincelada de presión de Lavrov, EE UU, Francia y Alemania se muestran decepcionadas por la suavidad de Rusia, mientras tratan de impulsar nuevas resoluciones en la Asamblea de la ONU y su Consejo de Derechos Humanos. Las grandes potencias occidentales pueden ver lo que está sucediendo en Siria como un levantamiento del pueblo contra la tiranía, de ahí su exigencia de que el Consejo de Seguridad tome partido.
Pero en Siria se disputa el equilibrio regional, no el acceso a la democracia, porque se ha generado tanto enfrentamiento y tanto odio que no se sabe si a la postre será peor el remedio que la enfermedad. En cualquier caso, conseguir una Siria libre y democrática llevará mucho tiempo.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.